domingo, 11 de marzo de 2012

La meta es tener el Corazón limpio de reproches

Por, Sharon M. Koenig
No existe nada que atrase más tu evolución y tu propósito que el no estar dispuesto a perdonar, que elijas no dejar ir la historia sobre un hecho grande o pequeño cometido en contra tuya.
Existen personas que pierden una vida entera conservando el rencor por alguien que actuó contra ellas, negándose el gozo de vivir plenamente y culpando a esa persona por décadas, pero el verdadero perdón es entender que nada ni nadie puede dañarte, a menos que tú mismo lo permitas. El dolor es la interpretación y el valor que le das a la acción errada, el sufrimiento es no dejar ir la historia.
Perdonar no es olvidar, ni justificar una acción en tu contra, pero sí es dejar ir tu apego a ese dolor, a querer tener la razón, a exigir justicia y a identificarte constantemente con esa historia: “Esa persona desgració mi vida.” ¡NO! Tú has decidido desgraciar tu vida, recordando esa acción y repitiéndola en tu mente una y otra vez, manteniendo esa persona encadenada a ti por medio de eslabones de dolor y veneno, lo cual solo conseguirá enfermarte.
En el libro Los Ciclos del Alma, voy más a fondo en el tema, pero con estos sencillos pasos lograrás la paz.

Para Perdonar
Quizás tengas un dolor tan grande que pienses que NO quieres perdonar, pero como ya sabes que estás haciéndote daño a ti mismo y a tus mismas relaciones con los demás, debes hacer el esfuerzo. No te preocupes, no tienes que hacerlo solo. El verdadero perdón lo haces a través de Dios. Quizás tú mismo sientas que necesitas el perdón, pero la culpa sólo agrava tu situación. Recuerda, inclusive el asesino, ha hecho lo mejor que ha podido en su presente estado de evolución. El verdadero perdón se gana por medio de lecciones, pero eso es un asunto entre el que comete la falta y Dios. Aquí solo vamos a hablar de tu dolor y tu rencor y cómo puedes dejarlo ir.

Paso 1- La técnica de apertura-
Si sientes que no puedes perdonar, Dios sólo necesita una apertura en tu mente. Sin negar tus sentimientos, sino aceptándolos, y estando dispuesto a dejar ir. Basta con decir cuatro palabras mágicas: ESTOY DISPUESTO, MI DIOS
Estoy dispuesto a perdonar. Decir estas palabras y soltar, y cada vez que regrese el pensamiento de dolor, repítelo: Mi Dios por medio de tu fuerza, estoy dispuesto a perdonar… luego, solo espera. Debes estar alerta, pues puede suceder en cualquier lugar o en cualquier situación y cuando llegue esa oportunidad, debes actuar, como en el caso de que el agresor pida tu perdón, liberando así a esa persona y a ti mismo. Recuerda, no eres el que da perdón, solo Dios, aquí perdón significa: “Bien, suelto y dejo ir esta historia”. No podemos cambiar las otras personas y nuestra paz no puede depender de lo que ellas decidan hacer, por lo tanto no esperes ningún resultado de ellas. No tienes que comunicarte necesariamente, solo espera. En el momento que tu corazón se sienta en paz, ¡Ya está hecho!

Paso Dos- Siente tus emociones, escribe y quema
Escribe mientras sientes cada emoción de ira sin reprimirla. Por ejemplo: Estoy sintiendo un dolor muy grande.
Desborda en este papel, toda tu furia y todos tus pensamientos. Cuando termines, toma el papel, quema y bota las cenizas mientras dices: Esto también pasará, suelto y dejo ir todo rencor.
Luego, simplemente olvida y no pienses más.

Paso Tres- Ora por el bien de tu enemigo
Cada vez que venga a tu mente la imagen de la persona que te ha ofendido: Envía una luz rosada de amor y ora diciendo: ¡Que Dios te proteja y que encuentres tu más alto destino de amor y felicidad, ese es mi deseo!
Al principio, quizás tus palabras no te fluyan con sinceridad, pero a medida que sigas con el ejercicio, te aseguro que ocurrirán milagros. Muchas personas hieren a otras precisamente porque no tienen dicha propia. Éstas, al encontrar su propia felicidad liberan a los demás y es posible que cuando te la encuentres de nuevo sea una persona diferente. Pero recuerda, no puedes controlar cómo otra persona reacciona, solo puedes escoger mirar las cosas de otra manera.
De vez en cuando pasa inventario en tu vida y pregúntate a ti mismo, si albergas en tu corazón resentimiento hacia otra persona, entidad o grupo. La meta es tener un corazón limpio de reproches, y es posible lograrlo.
Si puedes recordar un momento en el que te han herido y puedes recordarlo sin la emoción negativa atada a ese evento, ya has perdonado. Anda, eres libre, has soltado tus cadenas, ve y crea junto a Dios una nueva vida, tienes una nueva oportunidad de ser feliz. Está en tus manos.

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