domingo, 13 de febrero de 2011

La Actitud de Crecimiento

Todos hemos escuchado comentarios sobre las labores que realizan las personas en sus puestos de trabajo; y varían desde un trabajo encantador y satisfactorio en un extremo, hasta un trabajo agotador y humillante en el otro extremo.

Podemos decir que la mayoría considera que su trabajo les demanda mucho esfuerzo ó la rutina los agota, y a la vez, la compensación económica no es satisfactoria.

Pocos disfrutan de su trabajo y encuentran satisfacción en lo que hacen. En cambio, muchos trabajan por obligación, realizando labores que no les agrada, por tanto, insatisfactorios.

Si reflexionamos, nos daremos cuenta que la manera de enfrentar nuestro trabajo, depende de nosotros mismos. Somos nosotros los responsables de la actitud mental y decisión de la manera de hacer frente a nuestras obligaciones.

Para cambiar los viejos paradigmas heredados o aprendidos, y lograr éxito y felicidad, abundancia y prosperidad, deberíamos modificar nuestro esquema mental o forma de pensar, mediante una reingeniería e innovación de nuestra mente consciente y subconsciente.

Un magnífico punto de partida es tener la firme convicción y conciencia, de ser hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza, por tanto, dotados de las más nobles virtudes divinas: fuerza y capacidad infinitas, sabiduría y amor infinitos, alegría y armonía infinitas. Todos, en nuestra esencia espiritual o Yo Verdadero “somos uno” con Dios.

Entonces, los trabajadores de construcción civil, podrían trabajar con alegría y gratitud, porque a la vez que construyen obras en beneficio de la comunidad, se mantienen en óptimas condiciones físicas.

Los funcionarios y empleados públicos, podrían disfrutar, realizando sus trabajos de servicio a la colectividad.

Los empresarios y gerentes, también disfrutarían promoviendo y brindando facilidades a sus trabajadores, y asignándoles salarios justos.

Los trabajadores del hogar, podrían realizar sus labores, con alegría y gratitud, pues benefician a todos los miembros del hogar.

Si todos asumimos con nobleza y dedicación, las responsabilidades y obligaciones, beneficiando con nuestra actitud al mayor número de personas, infaliblemente, alcanzaremos la verdadera y duradera felicidad, así como un mayor crecimiento espiritual.

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