viernes, 18 de febrero de 2011

La Importancia de soñar

Unos amigos míos que editan una revista me piden que conteste unas preguntas sobre temas empresariales. Aunque ha pasado poco tiempo, me da la impresión de que yo me dedicaba a cosas de la empresa hace muchos años -algún siglo que otro- y que esto de ahora (tele, radio, prensa, etc.) me gusta y me divierte mucho más. Me ha costado 77 años descubrirlo.


Pues una de las preguntas se las trae. Dice: “¿cómo cree usted que debería ser el entorno ideal de una empresa?”


Como cuando te hacen una pregunta puedes contestar lo que quieras, empiezo por dar a la palabra entorno un significado amplio. Es decir, quiero considerar que el entorno no es sólo lo que rodea a la empresa, sino también lo que hay dentro, lo que rodea la gestión, lo que se olfatea cuando entras en una empresa.


Muchas veces me he acordado de aquello que se llama más o menos el síndrome de los 15 segundos, que significa que cuando conoces a alguien, la impresión que te da ese alguien en los 15 primeros segundos es la que vale. (Mi amiga Montse, cuando conoció a Juan Antonio hace unos 60 años, pensó: “con este chico me caso”. Y se casó. Y ahí siguen.)


Bueno, pues yo he entrado en bastantes empresas y me ha dado lo del síndrome ese. En algunas he pensado: “¡qué buena pinta tiene!” y en otras, que yo allí no trabajaría ni por todo el oro del mundo. (Supongo que si me hubieran ofrecido todo el oro del mundo me lo habría repensado, pero si hubiera aceptado, me habría equivocado gravemente.)


Hace poco leí “La sombra del viento”, de Carlos Ruiz Safón. Mejor dicho, no la leí, porque, al cabo de 200 páginas la dejé. Ya sé que eso no se debe decir, pero qué queréis que haga. A mí me parece que Ruiz Safón escribe muy bien, pero no pude acabar la novela. Me pasa con frecuencia. En cuanto sale un ambiente tristón o un niño que sufre, cierro el libro. D. Carlos, perdone. No tengo nada contra usted, ni contra su novela. Soy yo. Además, usted ha vendido bastantes cientos de miles de ejemplares más que yo. Como dicen en mi tierra, “algo tendrá el agua cuando la bendicen”.


Pero copié una frase, que me gustó: “Conserva tus sueños, que nunca sabrás cuándo te harán falta”.


Y cuando mis amigos de la revista me plantearon la pregunta, me acordé de Ruiz Safón y decidí aprovechar su cita, ya que no había aprovechado el libro.


Y me puse a soñar. Y os lo cuento.


1. Sueño con que todas las personas que constituyen una nación respeten a la empresa.
2. Sueño con que todas esas personas consideren que cuanto mejor vayan las empresas, mejor para todos.
3. Sueño con que los que trabajan en las empresas lo hagan muy bien, desde el Presidente ejecutivo hasta el último Auxiliar Administrativo, que se incorporó ayer.
4. Que trabajen muy bien desde el punto de vista de su competencia profesional.
5. Muy bien desde el punto de vista humano.


(En este punto, me acuerdo de mi amigo Quico, un Ingeniero de Industrias textiles de la Escuela de Terrassa, muy amigo mío, que después se hizo sacerdote.


Quico iba con otro sacerdote por Roma y vio un grupo de turistas americanas, mayorcitas, muy maquilladas y con unos vestidos floreados que quizá les hubieran sentado bien a sus nietas.


Mi amigo Quico, que seguía siendo textil, dijo: “¡Qué estampados más horrorosos!” Y el otro sacerdote le contestó: “Quico, ¿cuándo dejarás de ver estampados y empezarás a ver almas?”)


6. Sueño con que los que trabajan en la empresa vean almas, además de cuerpos. Y, para no ponerme más profundo, me basta con que vean personas. Y que se den cuenta que esas personas tienen su corazoncito, sus preocupaciones, sus ilusiones, sus éxitos, sus fracasos. Como todo hijo de vecino.


7. Sueño con que en la empresa, el dinero que se gane se haga después de un reparto justo entre los que trabajan allí. Eso quiere decir que el que manda tenga un sueldo y los que mandan menos, tengan menos sueldo, porque tienen menos responsabilidad.


8. Sueño con que se negocien los sueldos a nivel de empresa, porque, como leí el otro día (no me acuerdo quién era el autor, y lo siento, porque no me gusta que la gente piense que se me ocurre lo que no se me ocurre), los responsables de una empresa concreta saben muy bien cómo va y los menos responsables, también lo saben.


9. Sueño con que, después, queden unos beneficios bonitos y que una parte vaya a dividendos del que puso el capital, porque para algo lo puso, otra parte vaya a dar unos bonus a todos y otra a reservas, porque la empresa tiene que estar bien capitalizada para cuando vengan tiempos peores (o para cuando se mantengan los actuales, que ya son suficientemente malos.)


10. Sueño con que, cuando la empresa vaya mal, nadie cobrará ni bonus, ni el de más arriba ni el de más abajo, aunque todos hayan puesto muy buena voluntad, y aunque alguien les haya jurado por su padre que se lo pagarían. Sueño con que la gente se entere de una vez de que donde no hay, no hay.


11. Sueño con muchas más cosas, que hacen referencia a impuestos, seguridad social, formación de las personas, preocupación por el desarrollo humano y profesional de todas ellas...


12. Sueño, pero como no tengo más espacio, dejo de soñar ahora. Ya continuaré soñando otro día.

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